Ser la hija del viento me llevó a recorrer grandes distancias, estar en mil lugares a la vez, dormir bajo las estrellas en una noche cálida donde el rumor del mar se escuchaba, pude tocar la cima de las montañas, estar en la copa de los árboles meciéndolos, volando con cada hoja que se desprendía de ellos.
Pude estar al lado del deseo sin despertar su pasión, escucahr en susurros pronunciar mi nombre en sus labios, estar en su despertar con la sensación de ver su mirada posarse sobre mi, sin entender que pasaba.
Hasta que el viento calmó y me depositó en tierra firme, entonces mis pies se tuvieron que aferrar con fuerza para no caer, miré a mi alrededor y no encontré ninguna pared para apoyar mi cuerpo por lo que me sentí tambalear en un mundo indiferente que aun no me conocía, que no reparaba en mi, estaba como sobre una tabla de ajedrez cada uno movía sus piezas con cálculo exacto, casi fríamente a su favor, no importaba mi vida, mis sentimientos, mis angustias, mis sensibles costumbres, la mano firme del jugador al que le quedaba hacer la última movida, dijo: JAQUE MATE

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