sábado, 10 de diciembre de 2011

La bicicleta colorada

Papá llegó una mañana muy temprano, me levantó de la cama, me paró frente a un objeto no identificado para mi que estaba aún dormida, me resfregué con mis manos los ojos, allí la ví, la bicicleta colorada, por la que días anteiores había hecho un berrinche porque la quería para mi.
No la había visto tan grande, me vestí rápido, no quise desayunar, papá me lo permitió, por "única vez" ja.
Papá me ayudó a subirme a la bici, me llevaba ya que apenas tocaba los pedales, yo no quería que fuese al lado mío, quería andar sola era mi desafío personal, igual lo dejé ya que me dí cuenta que no era posible por el momento hacerlo sola.
Así pasaron los días y llegó el domingo, como siempre la casa se llenó de amigos y familiares, como estaba fuera del alcance del control paterno, tomé mi bicicleta colorada me trepé con dificultad, tomando coraje salí tambaleando por la calle, no quería andar en el patio, necesitaba un riesgo mayor, esa bicicleta no me podía limitar, sentía con agrado el viento rozándome la piel.
Recorrí una gran distancia, casi estaba llegando a la intersección con el gran boulevar, pasé por un molino, donde los lugareños decían que allí aparecía la "luz mala" (creencia popular), por las dudas, pasé rápido sin mirar.De repente me dí cuenta que no había aprendido a parar mucho menos a doblar, me di cuenta que estaba en un grave problema, solo sabía manejar mi triciclo, ahora con cuatro años me había atrevido a manejar esta bicicleta colorada que ya no me parecía agradable, empezaba a caerme antipática, si gritaba nadie me oiría, la casa estaba demasiado lejos, debía pensar rápido que hacer, tenía solo dos opociones: porrazo o lograr doblar, ah! una tercera seguir hasta el final del camino, opté por intentar doblar, LO LOGRÉ!!!, las lágrimas caían por mis mejillas ahora tan coloradas como la bici, por la bronca, sentía que me habían descuidado, sentía que esa bicicleta era la peor de todas, como la odiaba!!!.
Cuando llegara a la casa le diría a papá que no la quería más, que la quemara, quería que sufriera lo que yo había sufrido. Unos metros antes de llegar comencé a gritar con todas mis fuerzas, salieron todos corriendo, papá dándose cuenta de su descuido, par´o la bici, me ayudó a bajar, quiso levantarme en sus brazos, pero yo lo rechacé, estaba furiosa, le dí puntapies a la bici, y corrí a mi cuarto llorando, papá fue detrás de mí, se sentó junto a mi cama, me habló de las dificultades con las que muchas veces no debemos enfrentar, dijo que lo importante era saber salir de ellas con valentía como lo había hecho yo. No lo dejé seguir hablando quería estar sola con mi bronca, le pedí que llevara esa bicicleta bien lejos donde nunca más la pudiera ver.
Al día siguente cuando salí al patio ahí estaba ella, la miré, pegué un grito, vino papá y otras personas, lo miré papá y le dije quiero a este aparato fuera de mi vista, era para ayer...todos rieron, pero la bici desapareció de mi vida para siempre

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