Recorriendo las páginas del libro de mi vida llego sin darme cuenta a la página de aquel día, el día del viaje, mis primos y yo, papá. amigos y otras personas de la casa, ibamos a realizar un viaje.
Esa noche no dormimos, preparamos las móchilas con todo lo que considerabamos necesario y más, un omnibus solo para nosotros, ahora que recuerdo nunca habíamos viajado en un "auto tan grande" como le decía yo.
Todos estabamos ansiosos, las galletitas, los caramelos, las botellitas de gaseosas, nada parecía bastarnos.
Llegó la madrugada y salimos del campo rumbo a la ciudad, donde nos esperaba nuestro "auto grande", corrimos, nos trepamos, yo casi enseguida me di cuenta que el escalón ne superaba en altura, sentí que unos brazos fuertes me impulsaban hacia arriba, era papá que nunca descuidaba esos detalles, él siempre estaba en mis momentos de dificultades para ayudarme a superarlas.
Ya en el "auto grande" corríamos de acá para allá, queríamos este o aquel asiento, aunque todos eran iguales yo quería todos, asi que cuando mis primos se sentaban, uy pobres, yo cambiaba de idea y los hacía cambiar de asiento, así estuve hasta que nos pusimos en marcha, mis caprichos se acabaron cuando papá me tomó de la mano y me invitó con ternura a sentarme a su lado, del lado de la ventanilla, donde logró mantenerme quieta un par de horas, todos ya cansados nos dormimos, hasta que llegamosa una ciudad, donde bajamos a comer.
Luego seguimos nuestro viaje con sabor a dulces, ruidos de papeles, risas, cantos, berrinches todos mios, así pasaron las horas y llegamos a la ciudad de Buenos Aires, papá hacía de guía mostrándonos todos los edificios y lugares más relevantes, mis ojos muy abiertos contemplaban azorados las imágenes increíbles, me llenaba de luz.
Luego llegamos al Luna, donde la noche se llenó de magia, de felicidad, de lágrimas de emoción, de alegría, los personajes que todas las tardes veíamos por televisión estaban allí, frente a nosotors, eran reales, hasta podíamos tocarlos lo cual me provocaban cierta impresión, por lo que no me bajé de los brazos de papá, yo la valiente niña, al verlos acercarse me aferraba fuertemente al cuello de papá, quien reía y sé divertía como un niño, mis primos se mezclaban con los personajes, creo que cumplieron uno de sus sueños esa noche. Fue todo muy tierno, inolvidable, la sensación de magia aún hoy me inunda el alma, doy vuelta la página del viaje más hermoso de mi vida, veo que hay otros viajes mucho más importantes, pero nunca tuvieron la misma inocencia, la misma magia, de aquel viaje en el "auto grande"...

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