El sol aparece cada día, en ese instante en que despertamos tibios, con la paz de un dulce sueño nos pone en el corazón una alegría incomparable, me visto eligiendo cada prenda con parcimonia, con la tranquila frecuencia de siempre, paseo mi imagen por el espejo, luego salgo, me siento preparada para enfrentar un nuevo día en que trataré de vivir cada instante, sin perderme nada, dejándome atrapar por mi viejo amigo: EL VIENTO, que me habla al oído diciéndome aún no has entendido para qué estás preparada? para ser feliz? pregunté, me respondió: qué esperás para averiguarlo?.
Apresuro el paso y me coloco en la vereda por donde el sol pega fuerte, me propongo vivir cada instante con la pasión a flor de piel, mesclándome con la multitud que mira sin ver, hablan pero nadie escucha, yo río, porque me siento plena, apresurada, lenta, con la vida ahí esperando que me active, que cometa algún error, que me ponga a la par del que sufre, que alimente los sueños de quien está en la playa de la depresión, que trasmita la risa de cajita de música, la palabra que suene como campañilla en una campana de cristal, que enseñe a vivir cada instante, como si fuera único, irremplazable, inolvidable, en definitiva lo es, el instante de vivir...

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