La luz de tus ojos iluminan mi mundo apagado, tu precencia me acarica el alma, me sostuviste al momento en que caía, perdida, me sumergía al vacío.
Tu vida me pusiste a mis pies y me ofreciste tu contención, tu cariño, tu sonrisa abierta, tu oído atento a mis palabras, a mis sollozos que aparecen cierta vez al día.
La mano firme toma la mía con dulzura, con cuidado, parece que me traes una alegría desconocida para mi, me escuchas sin hablar, sé que en ti hay también alguna pena aunque no lo digas, sé que por momentos tus pensamientos vuelan lejos, entiendo de esas ausencias que se asemejan mucho a las mías.
Que milagro fue encontrarte, cuando la vida me estaba quitando todo, apareciste y me devolviste el valor de existir...

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