La hora de la siesta para mis primos y para mi era una tortura, un día nos acostamos, esperamos a que la casa quedara en silencio, muy despacio fuimos saliendo del cuarto, las puertas todas cerradas con llave, me acordé de la despensa, la cual tenía una gran ventana con un tejido fino, para que no pasaran las alimañas e insectos del campo.
El problema era como salir a través de ese tejido, yo había observado cuando arreglaban el cerco que rodeaba la casa, utilizaban algo parecidoa unas tijeras, trepé a una silla, bajé de un mueble un costurero que allí había, tomé las tijeras y comencé a trabajar ante los ojos atónitos de los chicos, hice dos cortes en uno de los laterales, comenzamos a salir, algunos rasguños nos hicimos ya que el hueco era pequeño.
Al fin libres, ahora a la aventura, pensamos en ir al palomar, donde papá siempre nos llevaba, nos hacía hacer palmas, era increíble, miles de palomas salían volando. Nos encontramos con otro problema el portón estaba cerrado y el cerrojo demasiado alto, entonces dimos una vuelta alrededor del palomar, vimos entusiasmados los "blancos" perfectos, las ventanas circulares con vidrios de colores en la parte de arriba, nos "cargamos" de "proyectiles", todas las piedras que pudimos conseguir, asi comenzó el "bombardeo", obviamente los ventanucos se rompieron en cien pedazos, las palomas salían aleteando con un sonido gutural, ante tamaño ruido, además de nuestros gritos, ya nos habíamos olvidado de nuestra huída, éramos fugitivos, papá había despertado, salió furioso, vió el espectáculo sin poder creerlo, enceguecido por la ira, tomó un lazo, para pialar terneros, se nos vino encima, corrimos, sin sentido, papá lanzó el lazo, atrapando a tres de mis primos que se dieron un gran porrazo, sus rodillas sufrieron las consecuencias, a mi me mandó a la casa gritándome por primera vez.
Lo que sucedió luego fue una cuestión de mayores, ya que todos discutían con todos, papá llevó la peor parte...

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