sábado, 19 de noviembre de 2011

Mi primera traición

Cierto día papá llega a casa, me dice que busque en el automóvil, que había algo para mi, siempre hacia esto, me traía regalos que iban desde un chocolate, un juguete, un libro de cuentos, le gustaba decía ver mi cara de curiosoidad, y de sorpresa luego.
Esto se había convertido en costumbre, ese día busqué en los lugares de siempre, no encontraba nada, sentía ruidos extraños, esto me llevó a buscar en la parte de atrás, allí estaba él, tan pequeño, tan tierno, en una cajita, era como un peluche animado, era mío para siempre, ya sentía que lo amaba, no me atrevía a tomarlo entre mis manos, papá se acercó, lo levantó me lo dió , me dijo "ahora es pequeño, espera a que crezca y verás, es un boxer", había tenido otros perritos, este era especial, su mirada lo hacía diferente, tenía que ponerle un nombre, dije: "su nombre es PIRINCHO", lo instalé en mi cuarto, hice una lista de las cosas que necesitaría para su cuidado, lo bañaba, le daba de tomar leche en mamadera, era un bebé, no me separaba de él nunca, solo cuando iba a la escuela, se convirtió en mi compañero inseparable, en mi amigo fiel, cuando me sentía triste él me acariciaba, con sus enormes patas. Ha!!!, Pirincho creció y mucho, cuando llegaba alguién a casa él ladraba, a las personas les daba miedo, pero Pirincho no sabía morder solo jugar, era como un niño inocente, jugabamos juntos, se ponía celoso si yo jugaba con algún amigo, ahí si un día atacó a una niña, que jugaba conmigo, pero no la mordió, solo la empujó, como era muy fuerte, la niña cayó, querían castigarlo, pero no lo permití, ya que Pirincho se sintió arrepentido, lloraba a mi lado, pidiéndome protección, él me contenía, cuando yo lloraba me alcanzaba sus juguetes, me invitaba a jugar hasta lograr que me riera, jamás podía traicionar a Pirincho, que ahora ya había dejado su cuna para dormir en mi cama, eramos como uno solo, nos sentíamos felices juntos.
Como todo lo hermoso de la vida siempre tiene un final, el tiempo pasó, los dos crecimos, llegó el día de ir a estudiar a la ciudad, Pirincho no pudo entender esto, yo estaba extasiada, feliz, con mi nueva vida, no pude comprender lo que sentía él, de lunes a viernes estaba en la ciudad y volvía los fines de semana al campo, al principio seguía jugando con Pirincho esos dos días, después todo fue cambiando, invitaba a amigas para pasar el finde, Pirincho ya no era el centro de mi atención.
Recuerdo el último día que estuve con él, era domingo, estabamos con una amiga sentadas en el tronco de un árbol, y vino Pirincho, corriendo, como siempre lo hacía, se me tiraba encima, caíamos juntos al suelo y comenzabamos a jugar, luego corríamos al viento, sin importarnos nada más que divertirnos, ese día lo rechacé retándolo, me miró con su mirada tierna, y se fue para la casa agachado, no tomé en cuenta el hecho, volví a la ciudad, a mis actividades, a mitad de semana viene papá y me cuenta que Pirincho había matado un corderito, le dije que no podía ser, me aseguró que si, le pedí que no le hiciera nada hasta que yo regresara, que lo cuidara, que no lo dejara solo, lo que yo no sabía es que Pirincho ya no estaba en la casa, papá era muy severo cuando alguno de sus perros mataba a las ovejas o corderos, asi que lo había mandado a un campo muy lejos, cuando ese finde volví, lo llamé, me extrañó que no estuviera esperándome en la tranquera como siempre lo hacía, entonces me inventaron una historia, me dijeron que Pirincho se había escapado solo, que lo buscaron sin encontrarlo, enseguida pedí que me prepararan mi caballo y salí a buscarlo, recorrí todos los lugares donde solía esconderse cuando jugabamos, no lo encontré, volví muy angustiada, Pirincho me había abandonado, fue un finde de muchas lágrimas, al tiempo me entero, como siempre de mi nada escapa, la verdadera historia, le reclamé a papá, me dijo que era imposible que regrasara, sentí un golpe en el pecho, era mi culpa, lo traicioné, me necesitaba, no lo ayudé, si hizo lo que hizo fue para llamar la atención, tantas veces él me contuvo y yo no supe entender cuando me necesitó.
No hay día de mi vida que no piense en él, le fallé, Pirincho me enseñó que un amigo no se reemplaza aunque se nos presente un mundo nuevo lleno de fantasías, muchas veces desearía tenerlo para que con sus manazas y sus mirada tierna me acaricie en mis días de angustias

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