jueves, 17 de noviembre de 2011

Noche de ensueño

Caminar en medio de una fría noche de invierno por el campo podría ser para muchos una pesadilla, para mi fue la noche más hermosa de toda mi vida, la noche soñada.
Mi pequeña silueta de niña se confundía con las sombras nocturnas, el viento helado golpeaba con fuerza mis mejillas, pero no me hacía doler, al contrario era como que me acariciaba con manos amorosas.
Fue muy bonito estar en un solo sentir con la inmensidad del cielo y la tierra con sus infinitos horizontes, en soledad mis pequeños pies descalzos andaban sobre los sembrados húmedos de rocío fresco que se transformaba en escarcha por el frío reinante.
Mis ojos miraban perplejos los destellos que emitían las brillantes estrellas que me ganaban y la luz de la luna me hacía estremecer como en un mundo solo para mi, rendido a mis pies, hecho para mi, con la perfección de la obra maestra de un creador de la estela que me envolvía con su blanca e inmaculada luz de amor.
Mi cabello parecía iluminarse por momentos como si cien luciérnagas se posaran en él, mis manos acariciaban las imaginarias figuras que pasaban cerca de mi, mi sonrisa parecía haberse instalado para siempre en mi rostro, por un momento se tornaban en carcajadas, era feliz, ese mundo que se abría a mi paso, que me recibía en la inmensidad que me ofrecía, ese universo que se mezclaba con mi pequeño cuerpo, que me absorvía, que me comprometía a un lazo fraternal irrompible con la humanidad, impenetrable para otras personas, solo un vínculo posible el universo y yo.
Así estuve una noche de ensueño, cuando mi inocencia no comprendía la magnificencia del hecho, al día siguiente solo recordaba vagamente, si tenía presente que unos brazos fuertes, seguros llenos de ternura, me habían tomado, inventando palabras de ánimo, que no podían ocultar el temor, el insomnio de una noche que se había tornado eterna, asi me llevó a mi cama, cuando desperté, allí estaba él, mi padre adormecido en el sillón junto a mi, se me ocurrió cubrirlo con una manta, despertó, me miró, sonreí con mi mejor sonrisa, me abrazó muy fuerte, luego reimos los dos con espontáneas carcajadas, mi noche de ensueño no volvió a repetirse...

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