Siendo muy pequeña me gustaba escribir poesias, para el día de las madres, escribí una que a todos les gustó, además la actuaba, se quedaban anonadados por mi gran expresividad, papá quiso que en el acto de la escuela me permitieran participar con mi poesía, yo aún no había ingresado a mi etapa escolar, tenía tres años, igual le dijeron a papá que me llevara, que me permitirían actuar.
Llegó el día con mi vestido más bonito y pomposos moños, aparecí de la mano de papá al acto escolar, cuando me tocó el turno de actuar, aplaudían mucho, yo me sentí una diva, comencé mi poesía que decía: "mamita querida de mi corazón hoy te regalo todo mi amor, eres mi tesoro, eres lo mejor, la flor más hermosa, la mejor canción, volemos juntitas por un cielo claro, subidas a una nube hecha de algodón", ja, eso era toda la "gran poesía", me aplaudieron mientras gritaban el muy acostumbrado bis, (otra, otra, otra), me volvía loca, la repetí tres veces, el problema surgió cuando apareció la maestra dando por concluida mi actuación, me sentía dueña del escenario, merecedora de más y más aplausos, no estaba en mis planes abandonarlo en ese momento, tuvo que intervenir papá, quien me sacó en medio de uno de mis mejores berrinches, que duró más de lo esperado, me ofrecían dulces, yo solo que ría volver al escenario, papá tuvo que llevarme a casa, donde reunió a todas las personas que trabajaban allí, los tuve a todos hasta altas horas de la noche haciendoles ver mi "actuación", mi capricho terminó cuando el sueño me venció...

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