No siempre el que quiere puede hacer lo que debe, pero no puedo matar ni callar mis ilusiones, desde la concepción somos un puñado de sueños, esperanzas, algunos son resignados por nuestros mayores en un intento vano de ocultar lo que con amor y por amor ha recibido la vida.
La huella que deja el paso del tiempo que se encarga de borrar de la memoria los motivos de una existencia que es la perpetuidad de dos almas que un día decidieron unirse, pero la decisión arbitraria convirtió una bella primavera en el más crudo invierno, el amor se escapó por la copa de vino derramada sobre el piso sin poder dar embriaguez a la sonrisa de la soledad que condenaba a los dueños de ese sueño ya perdido.
Por no confiar el mundo condenó la existencia de vivir escapándole a la verdad, un universo me elevó hacia el hostil mundo, y mi amigo el viento me acunó en sus brazos, sosteniéndome ante cada peligro, le daba calma a mi dolor, la noche me envolvió en su oscuridad, las miradas no reconocieron mi existencia que cada vez era más oculta, solo en la soledad me permitía repetir los nombres que recordaba, que eran parte de mi, porque todo podía serme quitado, todo podría ser destruido a mi alrededor, lo que no pudieron nunca es hacer callar la voz de la sangre, que grita cada vez más fuerte, y ya nada la hará callar, aunque quieran volver a cubrirme con el manto oscuro de la noche, siempre llegará el día en que resplandeceré con la luz verdadera, con la luz que emana de mi, sin dejar de brillar hasta que se haga justicia, con el fuego intenso y permanente de la tierra que me vió nacer...

No hay comentarios:
Publicar un comentario