Un café compartido, tu oido presto a escucharme, mis más escondidos complejos dejan de existir, me aceptas sin criticas, yo pongo toda mi atención cuando me cuentas de ti, de tu día de oficina cansada, del tedio de un fin de semana dedicado a tus finanzas, que terminan siempre en desventajas, aun más cuando tu equipo favorito de futbol no te da la satisfacción que esperas.
Me enseñas a calmar mis impulsos, me calmas en mis horas de furia, te quedas mirando como si no entendieras, aunque se que me entiendes, un abrazo en el momento justo cuando las fuerzas tienden a desaparecer y te haces grande, inmenso ante mi frágil figura desdibujada, cansada de la incomprensión de quien he esparado tanto tiempo, cada día, cada hora, en silencio, a gritos, he esperado de manera obstinada, te he contado con vehemencia las veces que le he podido hablar, cada palabra que con amor le decía sin obtener una respuesta amable, solo indiferencia, creo que una vez vi como cerrabas tu puño con la impotencia de no poder defenderme.
Ahora que caminamos juntos por este nuevo sendero de amistad, donde nuestras manos están dispuestas a tomar las del otro para ayudarlo a seguir transitando sin peligros, sin que haya alguien que nos lastime, cuando algo nos duela se que estaremos aliviando ese dolor que golpea a menudo nuestro corazón, un sueño frustrado es suplantado por uno nuevo que nos inventamos y sellamos en nuestras almas para que surja con fuerza, con la esperanza de que esta en realidad se haga posible por siempre.
No puedo ocultarte nada, ya que me miras y adivinas al instante lo que pienso, yo muchas veces me pregunto si sos un angel que bajó del cielo para complacerme, para curar mis heridas, para perdonar mis equivocaciones, para secar mis lágrimas, para quererme sin condiciones, sin pretenciones, sin exigirme nada a cambio, solo se que estás en cada momento, en cada dicha, para compartir mis alegrías, en cada melancolía, escuchando todas mis penas que se resumen en un solo nombre, compartes mis triunfos los que vives como propios, mis fracasos donde buscas la manera de ayudarme a salir de los mismos.
Una simple amenaza de tormenta y tu estás protegiendome del viento, de la lluvia, sos como el sol que me alumbra y entibia cada despertar.
Amigo mío, me das la paz que necesito, una cena que nunca planeamos en el lugar que adivinas me complace, me llenas las manos de paciencia, tu mirada me trae el cielo hasta mis pies, como en una balsa de naufrago me dejo llevar por tu mar en calma, segura de llegar pronto a puerto seguro, donde alguien esperará por mi...

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