La enorme puerta se cerró trás de mi, adentro quedó una mesa servida donde tu y yo debimos estar en un brindis que sellaría una bella historia de amor, los leños consumiéndose en el hogar, nada de lo que pensamos ocurrió.
Nuestro castillo azúl quedó cerrado, oscuro, frío, sus ventanas negándose a dejar pasar los rayos del sol, algunos que por ahí pasan dicen que por las noches de luna llena se oye una melodía que es la que habíamos elegido antes de nuestra ausencia.
Nos negamos la posibilidad de tener en nuestras manos la estrella que alumbraría la penumbra de nuestro cuarto siendo testigo único de nuestro amor.
Ese amor era nuestra razón de ser pero como un manto tenebroso que oscureció nuestros sueños nos quedamos sin él, y hoy sin nuestro castillo azúl, vivimos en un desierto, donde el sol nos quema la piel, desde donde vemos correr sobre la arena a una pareja que mojan sus pies, se abrazan, los miramos pensando que podemos ser nosotros que nos encontramos de nuevo, nos vemos por primera vez, juntamos nuestras manos sin pensar en esa gente que camina apurada hacia sus trabajos, aunque sabemos que esto ya no será posible, ya no habrá castillos, ni mesas servidas para dos, solo un tiempo sin fuerzas, sin ganas de esperarnos, sin intensión de darnos una nueva oportunidad.
Nuestro castillo azúl quedará cerrado hasta que dos enamorados como nosotros lleguen , abriendo sus puertas, dejando que por sus ventanas entren los rayos de sol que alguna vez nos entibiaron en el lecho de nuestro amor, y una estrella sea testigo de esas noches que solo tu y yo conocemos, tal vez, quien sabe, esos nuevos enamorados, sean una pareja cuyos cabellos tengan el color de la luna, y sus cuerpos cansados sean los que se den el abrazo esperado, quizas en un tiempo esos enamorados seamos nosotros con los sueños casi dormidos de tantas esperas, pero con el amor renovado, nunca perdido, allí está nuestro castillo azúl esperando

No hay comentarios:
Publicar un comentario