Como fiera salvaje que ha sido esclavizada, yo derribaré los muros de tu alma, como tigre que no cesa su sed de venganza yo estáré al acecho de la presa que ha sido nuestro peor depredador, la vanidad de ser único entre los mortales, la terrible condena de ser una víctima más entre las enredaderas de tus antojos voraces.
No seré piadosa al momento de enfrentarme a tu temeraria provocación, ni temblará mi mano que rasgue con coraje tu espiritu de quietud inventada, promovida hacia una incertidumbre de permanencia inútil.
En una pavorosa persecución de hambrunas causadas por la agonía de días en tenebrosos desiertos y oscuros bosques, te encontraré en un camino polvoriento donde ni el más temerario ser se arriesgaría a transitar.
Sin ser vista, con olfato de animal, agasapada en sombras de noches de tormentos y figuras fantasmagóricas caeré encima de ti, con el último aliento y el comienzo de una batalla sin final, solo tu y yo, en conjuro con la rabia contenida, con el sabor aún de esas lágrimas que volvieron a fluir de mis ojos, cansados y sin brillo.
Todo a mi paso iré derribando, los muros más altos, más fuertes serán vencidos por mi poder de lucha, por mi poder de encontrarte en el lugar exacto, en el momento menos esperado por ti, ahí me pararé, en la tierra donde la pasión se perdió, dando lugar a las sensaciones de rencores marcados con la marca del fuego que se apagó en mi piel, dando un grito de dolor.
Saltaré de piedra en piedra, cubriré mi cuerpo con las pieles de los que ya no las necesitan, porque hubo otros depredadores, mojaré mis pies en aguas turbias, me subiré a los montes más elevados, desde allí estaré observando hasta el día en que decida derribar el último muro...

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