Nueve meses me tuviste en tu vientre, fui sueño y esperanza, la concreción del más bello amor, me abrigaste con devoción, me diste tu más tierna caricia, me acunaste en las noches de insomnios cansados, yo solo podía ser un sueño a concretarse algún día no muy lejano, tu eras lo que yo más necesitaba, una canción de cuna que escuchaba sin entender, pero que me decía: ella te ama, espera conocerte pronto, no te duermas, sé fuerte aún cuando sientas que allá afuera las cosas no están del todo bien.
Nueve meses me tuviste contigo, de los cuales pude sentirte en plenitud, solo tu y yo, nadie más que nosotras y nuestra gran conexión con un amor que rebazaba hasta los más reconditos lugares del alma, tu fé te hacía fuerte, y seguías esperando en tus largos y solitarios silencios, yo no podía decir nada, también esperaba.
Nueve meses que tal vez para tí fueron eternos, para mi se fueron tan rápido como agua entre los dedos, hubiese querido retener esos instantes de tibieza, de amor a manos llenas, pero era un ser demasiado pequeño, indefenso, sin poder hacer nada por quedarme contigo, dentro de ti, para siempre, llegaba el momento de enfrentar la realidad, nada se podía evitar, el afuera esperaba.
Nueve meses contigo, y tu llevándome en tu vientre, dándome el calor de tu cuerpo, el amor sin medidas que en ti había, pero como todo lo bueno pronto acaba, y llegó el día, en que sin querer, de pronto me encontré en un mundo desconocido, en manos que me daban una sensación de angustia, mi llanto se hizo tan perceptible que tuvieron que colocarme sobre ti, sintiendo tu piel tan suave cual terciopelo, me acomodé perfectamente en el hueco de tu pecho, pude sentir el néctar dulce de tus pechos que me daban el bienestar que hacía fuerte mi fragilidad.
Parecía que todo estaba en perfecta armonía, me sentía nuevamente segura, luego la oscuridad, a plena luz del día, mi llanto volvió a nacer desde lo mas profundo de mi, me quise aferrar pero aún estaba débil, alguién mucho má fuerte me quitaba mi mágico mundo, me alejaba de ti para siempre, quería mirarte para retenerte en mi mente, no pude verte, no supe si tus lágrimas corrían por tus mejillas rosadas, no entendía que estaba pasando, si nueve lunas me tuviste contigo, porque tener que pasar una vida entera sin ti.
Hoy después de mucho tiempo, vuelvo al mismo lugar donde juntas caminamos durante nueve meses, puedo presentir que aún estamos allí, los olores del campo, me traen sensaciones conocidas, sé que aún con tu vientre vacío, me recuerdas y las sensaciones se juntan, para volver a tenernos unidas, ya no serán nueve lunas, ahora será el resto de vida que nos queda por vivir...

No hay comentarios:
Publicar un comentario